El desafío de modificar las estrategias pedagógicas y de las brechas digitales que limitan el acceso a la educación.
La pandemia de enfermedad por coronavirus (COVID-19) ha provocado una crisis sin precedentes en todos los ámbitos. En la esfera de la educación, esta emergencia ha dado lugar al cierre masivo de las actividades presenciales de instituciones educativas en más de 190 países con el fin de evitar la propagación del virus y mitigar su impacto. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), a mediados de mayo de 2020 más de 1.200 millones de estudiantes de todos los niveles de enseñanza, en todo el mundo, habían dejado de tener clases presenciales en la escuela. De ellos, más de 160 millones eran estudiantes de América Latina y el Caribe
El aislamiento social debido a la pandemia de COVID-19 ha
generado diferentes cambios no solo en la rutina diaria, la movilidad o
las interacciones sociales, sino en nuestra relación con la tecnología y
diversas herramientas digitales que han sido necesarias para continuar
actividades vinculadas con la salud, el entretenimiento, la fe, el trabajo, las
compras y por supuesto, la educación.
“Para poder ser un ciudadano de esta época no sólo es
necesario leer y escribir de la manera tradicional, sino poder
desempeñarse y comunicarse a través de la lectura y escritura utilizando
herramientas digitales”, comenta la doctora Marina Kriscautzky Laxague,
coordinadora de Tecnologías para la educación hábitat puma de la Dirección
General de Cómputo y de Tecnologías de Información y Comunicación.
Ante esta emergencia sanitaria, estudiantes, profesores y directivos de la educación presencial han tenido que emplear herramientas digitales para continuar impartiendo clases, lo que ha generado desafíos en el uso adecuado y crítico de la tecnología, discernir qué información en internet es verídica y cuál no, además de acentuar las brechas digitales que marcan las desigualdades sociales y económicas que existen en nuestro país.
- Según datos del TICómetro, diagnóstico de acceso y habilidades en el uso de TIC de la UNAM (DGTIC), en la generación 2019 del bachillerato el 16% de los estudiantes no tiene una computadora (PC o laptop) para estudiar desde casa. Si bien 95% tiene acceso a Internet, muchos lo tienen desde un teléfono celular.
